La encontré en un
lavadero.
El silencio no es
tan difícil de conseguir pero la calma, llena de matices, escasea. El stress,
sin duda, ayuda a apreciarla cuando aparece.
Había al fondo una
iglesita y una antigua casa palacio. Al rededor, naranjales. Se oía el agua
correr por las acequias.
En las calles,
Barbies y maromos. Y me encuentro con gente encantadora que me da bien de comer y
sabe escucharme educadamente mientras yo rompo la calma con mil batallas.