Es tal la
competencia, que los gatos estambulís, lejos de ser esquivos, aprietan su
cuerpo contra el tuyo buscando tu atención allí donde te los encuentras.
Este no. Este
dedicado como estaba a lo suyo, me ignoró. Pero es que en esta calle
Cukurcuma y sus alrededores, a donde fuí a parar en busca de anticuarios, es todo un poco especial.
Te dejo algunas fotos.
A veces, en mi infancia, yo también me
forjaba ilusiones de que se pintaran todos aquellos edificios de madera pero
después de que desaparecieran de la ciudad y de mi vida añoré apenado el aire y
la textura tan especiales de la vieja madera ennegrecida.
Los tablones de aquellas casas viejas, que
en verano se secaban al máximo y se teñían de un marrón oscuro o de un tono
mate como el de la tiza y que por sus crujientes chasquidos se notaba que en
cualquier momento podían arder como la yesca, en invierno, después de los
largos fríos, de las lluvias y de las nieves, olían de una manera muy
particular a humedad, moho y madera. (Orhan Pamuk. Estambul)
La mayor parte de
los artistas son turcos y desconocidos para mi. Con una excepción: el fotógrafo
Ara Güler. Disfruté especialmente de la Colección de Fotografía del museo y de
algunos estupendos vídeos.
Allí mismo, a la
salida del museo, imbuido de espíritu artístico, me puse a crear
desaforadamente. Aquí te dejo mi obra.
En el lado opuesto
al Centro Cultural Atatürk se encuentra esta galería de arte que ocupa lo que
fue undepósito de agua del siglo
XVIII que dió origen a la plaza.
Sobre su fachada se
apoyan los puestos de las floristas y un poco mas allá, cada tarde, la policía.
¡Agua!