4 de abril de 2020

Confinado. Dia 23


Ordenar armarios
Uno de mis buenos propósitos al comenzar la cuarentena era abrir la correspondencia que se amontona junto con otra pila de papelotes en una esquina de mi escritorio. Hasta hoy no he tocado ni un papel.
Otro propósito fallido era aligerar el contenido del cajón al que van a parar las garantías y manuales de instrucciones de todos los aparatos que he comprado desde que me emancipé. En estos tiempos de obsolescencia programada, la mayoría de estos aparatos han sido sustituidos varias veces, no así sus instrucciones correspondientes.
Hoy me he puesto con ello. He abierto las cartas -no fuera a ser que alguna no fuera un aviso de que soy mas pobre- y luego las he puesto, junto con los papelotes, en la misma bolsa de papel para reciclar donde he vaciado el cajón de las garantías. Por último, he añadido a la bolsa las cuatrocientas copias nunca comprobadas de pagos con tarjetas de crédito que tenía en una carpeta. Soy otro.
¿Ordenar armarios, dices? Si, ya se que es algo muy recurrente estos días pero yo es que, por mas que los miro, los veo bien.  
¿Tu has oído eso de guardar lo de invierno, sacar lo de verano? ¿Guardar dónde? ¿En el armario?. No entiendo nada, así que mejor me abstengo. Yo, en el tema armario, ni entro ni salgo.



31 de marzo de 2020

Confinado. Dia 19.



La arruga es bella.
No siempre he sido un magnate con asistenta. Cuando empecé a vivir solo, fuera de casa, era joven y pobre, naturalmente. Y no tenía asistenta.
Fue entonces cuando desarrollé mi extraordinario método antiarrugas de tender la ropa. Gracias a mi método y a la aparición de los modernos tejidos de fibra nunca tuve que aprender a planchar.

Cuando el Tergal pasó de moda, tuve la suerte de que la arruga se consideró bella. Dejó de serlo y, para mas inri, yo me había ido refinando en lo textil. Afortunadamente para entonces ya el sueldo me daba para que todas las semanas alguien planchara por mi.

Así llegamos al día de hoy en que ni hay Tergal, ni tengo asistenta, ni se planchar.
Menos mal que tampoco tengo vida social.



27 de marzo de 2020

Confinado. Día 15


Me tiro a la calle.
Leo cada una de las palabras escritas que voy encontrando a mi paso. Uso exclusivo bomberos. Alarma conectada con grabación de imágenes. Compro tu coche y te lo pago al contado. Hay una belleza una perfección sin esfuerzo en la llegada gradual de la noche. (Antonio Muñoz Molina. Un atardecer solitario entre la gente.)

Hace meses que este libro esperaba su momento en mi mesilla. Creo que ningún momento mejor que este para que me saquen a pasear por las calles.
No voy a hacer crítica literaria, no sabría. Ni siquiera lo he terminado de leer. Quizá mi entusiasmo con su lectura esté condicionado por las circunstancias. Y es que para mi sorpresa encuentro también esto entre sus páginas:

Evacuada por orden del Gobierno Chino una Ciudad de Nueve Millones de Habitantes. Calles vacías, edificios apagados, tiendas cerradas. ¿Qué sucede en Hangzhou, una de las mas florecientes y habitadas ciudades de China oriental? Sucede que el régimen chino no ha querido correr el menor riesgo de descontrol en la Cumbre que le toca organizar en su turno de presidencia del G-20 y ha tomado medidas impensables en una democracia occidental.
Imagina una ciudad mas poblada que Nueva York que se ha quedado desierta de la noche a la mañana.

El libro se editó en Febrero de 2018.


24 de marzo de 2020

Confinado. Dia 12.


Lo importante
Una de las cosas buenas de esta situación en la que vivimos – como habrás oído mil veces- es que ahora vamos a saber distinguir qué es lo realmente importante. Por ejemplo: el frigorífico.
Hace un par de días que en el interior del mío está creciendo una gorda capa de hielo. ¿Qué hago? ¿Llamo al técnico? Nunca ha sido fácil que un servicio técnico te atienda pero ahora, ¿querrá venir el técnico?. ¿Quiero yo que venga?.
Ahí es cuando uno vuelve al seno de la Iglesia y reza para que el frigo siga enfriando y no haga ¡plof! en esta santa situación.
Lo importante no es la tele, es el frigo.



21 de marzo de 2020

Confinado. Dia 9.


Recordando a Catalina
Catalina lleva viniendo a limpiar a mi casa un porrón de años. En este tiempo, ha tenido depresiones, algún cólico e incluso se rompió un brazo. Daba igual, nunca dejó de venir, así se anunciara una ciclogénesis explosiva. No importaba lo que le dijeras, ella argumentaba que, si se quedaba en casa todo el día con su marido, se volvía loca. Y debe ser verdad porque ya es mayor y no tiene una necesidad ineludible de trabajar pero ella no para.

A decir verdad, ahora trabaja y enreda a partes iguales. Yo procuro quedarme en casa el día que viene para evitar grandes desastres. Con la edad, por ejemplo, le ha dado por encaramarse peligrosamente a la encimera, a una silla, o al alfeizar de la ventana. Como no atiende a razones, yo me pongo a su lado por si acaso, que parezco la señorita esa del circo que subraya con sus manos y su sonrisa la acrobacia del saltimbanqui.

Catalina ya no viene a casa. Está encerrada en la suya con su marido. Me llamó y me dijo, resumiendo, que los hijos la habían atado a una silla. Estoy preocupado por su salud.

- ¿Tu que haces cuando no ves porno?, me pregunta una amiga muy ocurrente.
- Soy asistenta