La opinión pública.
Las señoras que meriendan
en los cafés de mi barrio lo tienen muy claro: todo está fatal.
A nadie le va bien. Y menos
en los negocios. Claro que peor les va a ir
cuando huya el capital.
-El otro día en El Corte Inglés se cayó una
bombilla.
- Ya te lo decía yo: esto se hunde.
Ellas, por si acaso se
ponen moradas de pasteles antes de que nacionalicen Embassy. O lo que es peor:
que llegue el racionamiento.
- ¿Qué estás alarmada dices? Eso no es nada: ¡van a
volar el palacio real!
La cantidad de material
con el que vuelven de la merienda. La de desastres y malos augurios que contar
al servicio, al taxista y a todos los que queramos escucharles o no. Porque a
ellas no las calla nadie. Aunque el bar, la tienda o el autobús estén hasta arriba, ellas proclaman
el fin del mundo alto y claro. Hacen su opinión pública.





