Sin ordenador, recibí el año nuevo en Tabarnia a salvo, o eso
creía yo, del influjo navideño. Con él quedó en Madrid mi socorrido archivo
fotográfico.
Dejé
también la cámara de fotos en casa pero, ¡ay!, no fui capaz de apartarme del móvil.
Tenía la vana ilusión de que el buenismo navideño podía ablandar el corazón de
un electricista que venía dándome largas. No llamó, pero si lo hicieron muchas
buenas personas (no todos somos electricistas) que me deseaban cosas estupendas para el nuevo año con mensajes
bellamente ilustrados.
Sin fotos y sin cámara, tiré de la del móvil buscando un motivo
que acompañara mis agradecimientos. Saqué una foto del mar un tanto anodina que
algo mejoró con un posterior encuadre. No terminaba de verla y, por primera
vez, empecé a probar los famosos filtros de los que tanto se abusa.
Muchos me alabaron la foto pero no se… Siento que ha sido como
empezar el año mintiendo.








